Alba Sarraute

Para definir el payaso diría que tiene que hacer reír. Sin embargo, como cualquiera sabe, para hacer reír, el payaso siempre ha servido a su marginalidad. El tonto, el loco, el borracho, el vagabundo de miles de pistas, escenario y pantallas de cine siempre han construido sus risas sobre esta marginalidad, dejando así un regusto amargo. Es una obviedad teórica y estética reflexionar sobre la burla al poder con la energía subversiva y la arrogancia del payaso. Pero es la realidad. Igualmente el payaso para hacer reír también utiliza de la técnica: siempre se dice, debe saber hacer algo.

Alba Sarraute, una de las pocas mujeres que trabaja sobre el payaso, actualiza su arte con el fortalecimiento de estas tres bases: la risa, la subversión, la técnica. Jovencísima, estudió todo: música, canto, acrobacia, danza, teatro, circo.

Su espectáculo Mirando a Youkali (título sugerente al cabaret de Brech), está en este momento de gira por España. Es un golpe de energía, una reflexión clownesca sobre la existencia de una forma potentísima.

"Vivir con el peso social y miedo al fracaso, la pérdida de la inocencia y de la libertad. El miedo a la muerte, la duda de la muerte... "

El payaso de Alba es una especie de sobreviviente a un mundo cada vez más difícil, como todos los grandes payasos lo fueron. Sólo que el mundo de hoy es un verdadero casino. La Máscara de Alba es una silueta agridulce, una especie de aviador del cuento Principito postindustrial, una hermana perdida de los Fratellini padeciendo un desastre nuclear.

Toca el saxofón y hace magia con guantes de boxeo, usa un casco azul de guerra y arrastra detrás de ella un montón de ramas de la selva amazónica. Canta rap y lírico, camina sobre sus manos, hace flic flacs y rondadas.

Es dulce y carismática, mal destre y lucida, incisiva y sabia, ¿Qué queremos más de un payaso?

"Señor, ¡deja que muramos cuando te lo pidamos nosotros!"

El payaso blanco que se opone a la burla de Alba, es el mundo entero, nosotros los espectadores a quien les lanza su propia ropa; El Señor Bush ( tal vez el más grande payaso blanco de hoy en día), "el arte contemporáneo"; la iglesia (memorable la escena de la confesión), e incluso Dios mismo: le pide por favor, lo reza, lo implora, o envía a tomar por el culo, pero bailando, haciendo el salto mortal, el equilibrio, tocando dos saxofones acompañada por su trío los maravillosos músicos.

Su espectáculo es una mezcla de técnicas de circo, danza, la música, textos de Miguel Hernández, Költés, Rousseau, Saint-Exupéry, Baricco, Brecht, los indios del Amazonas. Sin embargo, la espontaneidad y el gusto por el circo la aleja del narcisismo del nouveau cirque y le permiten el difícil resultado de ser cruda, directa, poética, violenta, tierna y universal. Su máscara es esencial, casi ritual, al igual que la de un indígena cuya fuerza es no tener nada.

Universal también significa que después de los saludos finales de este delirio sobre la suerte del mundo, una niña de unos dos años ha subido en el escenario para darle un beso.

Me hubiera gustado ver este espectáculo cuando tenia dos años.

He pensado muchas veces como la universalidad secular del payaso, este hilo loco que pasa de la sabia intelectualidad del bufón shakespeariano a la malicia de Charlot, de la virtuosidad de Grock hasta Dario Fo, han podido sobrevivir después de nosotros a nuestro futuro desconocido: Alba Sarraute con nosotros ha traído la esperanza.

"Un día el cielo caerá sobre nosotros y nadie se dará cuenta de ello"